Discurso del nuevo presidente de la SIP, Alejandro Aguirre.

Muchas gracias,

Recibo este honor con humildad y gratitud para las personas que han depositado su fé en mí para liderar esta gran organización en los próximos doce meses. Recibir la presidencia de manos de Don Enrique Santos, insigne periodista que ha guiado con brillantez todos los asuntos de nuestra querida Sociedad hace este día aun mas especial para mí. Quisiera pedirle a todos un muy bien merecido reconocimiento para este gran caballero en gratitud por su sacrificio y excelente labor en este año.

El asumir la Presidencia de la SIP en Buenos Aires me toca en lo mas profundo de mi corazón. He tenido el gusto de estar en esta gran ciudad en varias ocasiones y tengo muy gratos recuerdos. Mis padres quisieron acompañarme en este viaje pero, por razones lejos de su voluntad, no pudieron venir, y me pidieron en forma muy especial que les transmite un saludo caluroso a cada uno de Uds.

Desde muy temprana edad pude conocer y aprender de algunos de los grandes líderes del periodismo continental, desde Don Alberto Gaínza Paz, los Sres. Tina y Lee Hills, Don Guillermo Martínez Márquez, Don Andrés García Lavín y más recientemente Earl Maucker y Enrique Santos, personas que guiaron a esta sociedad en sus momentos más difíciles para hacer prevalecer el derecho que pertenece a cada uno de nosotros por ley natural.

Como hemos podido ver en los últimos días de trabajo intenso, nuestro mundo está muy convulsionado.

Hay mucha incertidumbre sobre el futuro del periodismo moderno. Sin embargo aun con toda esa incertidumbre, la labor de nuestra SIP es más clara y más necesaria como en cualquiera de los tiempos de su existencia.

Nuestra Carta expone nuestra razón de ser claramente, “La libertad de información es un derecho inherente de la libertad de opinión. La información, tanto nacional como internacional, ha de recibirse, transmitirse, y difundirse sin ninguna restricción y las noticias difundidas por medios deben circular dentro de un país o entre países con la misma libertad. Las medidas que, con cualquier pretexto, restrinjan esa libertad son antidemocráticas.”

“Los regímenes políticos que no respetan o no hacen respetar la libertad de prensa y el derecho del pueblo a estar informado no son democráticos.”

Hoy día la SIP se encuentra en una situación en donde se está luchando en contra de un movimiento internacional coordinado para coartar la libre expresión. No es la primera vez en nuestra historia.

Jugamos un papel clave para frenar el llamado Nuevo Orden Mundial de información tan favorecido por todos los gobiernos anti democráticos en los años 80.

Pudimos, con las ayudas de otros, cambiar la tendencia de los gobiernos democráticos que trataban de imponer una licencia obligatoria a los que querían escribir en un medio de comunicación social.

Y todo esto se logró con el liderazgo de las grandes mujeres y hombres de nuestra Sociedad que tomaron muy en serio la labor de defender la Libertad de Expresión. Esto es lo que les pido a Uds. en el día de hoy.

La activa participación de todos nuestros miembros es clave pues, nuestros adversarios—los que quieren ejercer autoridad al margen de la democracia trabajan día y noche para controlar el flujo de información y buscan nuevos métodos para impedir la libre expresión y la transmisión de datos e ideas.

Cuando se acercaba la fecha en que se elige el presidente de esta institución, el Dr. Julio Muñoz, con su acostumbrada eficiencia, preparó una carpeta muy completa con toda la información que necesita un nuevo presidente de la SIP para empezar sus labores.

Entre los documentos de esa carpeta encontré varios discursos de nuestros presidentes anteriores. Pude leer el de mi padre, Horacio Aguirre, que tuvo uno de los más altos honores de su vida al asumir la presidencia de la SIP en Lima, Perú en 1983. En ese discurso señaló el caso de Cuba que en esa época cumplía casi un cuarto de siglo en que el gobierno hacía tabla rasa con todas las libertades públicas.

Ahora, a más de medio siglo de su fundación, esa misma dictadura sigue la represión del pueblo cubano. Hay esfuerzos valientes de muchas personas, entre ellas la bloguera Yoany Sánchez, que luchan por su libertad pero, en realidad, muy poco ha cambiado en Cuba. Y lo poco que ha cambiado es insuficiente e inaceptable.

No menciono el caso de Cuba por haber nacido en Miami ni y por tener familia cubana, lo digo porque de esa dictadura han nacido mil cachorros que están usando otros métodos, claramente abusando del espíritu democrático, para llegar a metas similares. Y las consecuencias para la Libertad de Expresión serán iguales si no hay un cambio de dirección.

Nuestros tiempos se marcan por regímenes democráticos que se beneficiaron del voto popular, pero desde el poder, buscan formas de reprimir el libre flujo de información y de opinión. Estos casos también son tristes pues la experiencia nos demuestra que ese camino siempre conduce hacia el autoritarismo absoluto.

En este país, tan querido, respetado y admirado por mi, recibo el honor de la Presidencia de la SIP en momentos en que el gobierno promueve una ley que afecta la Libertad de Prensa, el contenido de la información y fortaleza la creación de un monopolio estatal.

En muchos de nuestros países, las amenazas y los asesinatos de los periodistas siguen en aumento. La tarea de informar cada día se pone más peligroso. Es importante transmitirle el mensaje a nuestros pueblos que la muerte por mano criminal de un periodista, aunque ocurra en tierras distantes nos tocará a todos muy de cerca algún día.

Por eso le pido a cada uno de Uds. que redoblen sus esfuerzos en nuestra SIP. Tenemos que trabajar enérgicamente en cada uno de nuestros países para que la tradición de libre y pública opinión, que debe de ser el destino de América, no llegue a convertirse en un capítulo breve sin vigencia permanente.

Consideramos que el libre flujo de información es esencial para la democracia que, a su vez, debe de ser el gran logro de todo el continente. ¿Cómo podremos resolver los problemas del hambre, de la salúd, de la falta de educación adecuada para nuestros pueblos si las ideas que pueden traer las mejores soluciones no se pueden difundir.

No me refiero solamente al derecho de nosotros de transmitir informaciones, hablo del derecho de las personas de recibir la información que desean sin interferencias. Hablo del derecho dos o tres personas para reunirse en una acera en un bar para platicar sobre cualquier tema sin tener que preocuparse por una represalia del gobierno o de un tercero—el derecho de escribir y difundir a través de una página web—o el derecho de tomar videos para Facebook o uno de nuestras propias páginas web sin temor a la censura u otras consecuencias por parte de un gobierno. Todos estos ejemplos son parte de un mismo derecho ciudadano y no se puede limitar por un lado sin limitar todos eventualmente.

Quiero señalar que sí tenemos aliados y contamos con funcionarios y miembros de la sociedad civil que desde sus posiciones sirven nuestras ideales compartidas sobre la Libertad de Expresión.

Debemos de reconocerlos y estimularlos para que sean más vocales en esta materia.

Yo creo que tenemos la solución en nuestra institución. Tenemos un buen equipo. Nosotros mismos, la gran familia de la SIP podemos señalarle a nuestros pueblos en forma cristalina que defendemos un derecho compartido. Cuando se censura a una persona salimos perdiendo todos. Por eso somos amplios en nuestro concepto de ser órganos de comunicación libres. Tenemos que usar las fuerzas de nuestros propios medios para defender los principios que defendemos en cada uno de nuestras reuniones.

Quiero darle las gracias a todos los que trabajan en la SIP por su magnífica labor y por su apoyo.

También, a las personas que trabajan diariamente en el Diario Las Américas en Miami, les quiero expresar desde esta tribuna, mi mayor respeto, aprecio y agradecimiento por su contribución al mantener nuestro público informado. Por ellos, puedo estar aquí.

Y a mi familia, María, mi esposa, Alejandro Martín, Laura María, y Victoria Marie, gracias por darme fuerza y alegría.

A Dios le pido la lucidez para hacerle frente de buena manera a todos los retos que enfrenta nuestra Sociedad.

Y a Uds. les doy las gracias una vez más, por depositar su confianza en mí. Con humildad reitero mi gratitud y les pido a todos su ayuda en una marcha triunfal que consolide un continente libre y democrático para todos sus pueblos.

Muchas gracias.